En memoria de David (Z’L) Si luchas con monstruos

07/Mar/2025

Por Ernesto Kreimerman*, para CCIU

 

Un 8 de marzo de 2016, el terrorismo islámico actuaba en Uruguay, más precisamente en Paysandú, asesinando a David Fremd (Z’L). En este artículo, Ernesto Kreimerman, ex Presidente del CCIU, y también sanducero como David. “David… fue asesinado a impulsos de una prédica de odio, por su condición judía.”

“Quien lucha con monstruos debe tener cuidado de no convertirse en un monstruo. Y si miras largamente un abismo, el abismo también te mirará a ti”. Friedrich Nietzsche tardó hasta 1887 en asumir su condición nihilista, aquella que lo llevó a afirmar que “Di-s ha muerto”. Según Uhde, por lo que Nietzsche proclama que Di-s está muerto y que lo matamos al reconocer en nosotros el fundamento del conocimiento, hemos desplazado a Di-s de su posición privilegiada, con lo que lo ha encontrado la muerte.

Pero el nihilismo, seguramente lo sepas, implica la pérdida de fundamentos últimos de la realidad y de los valores morales. Apelemos a Martín Heidegger, que describía el nihilismo como ese estado en el que “no queda nada del ser en sí”. Afirmó con convicción que el nihilismo se apuntala en el reduccionismo del ser a un mero valor. Profundizando en esa construcción, Heidegger nos dice que el nihilismo es el proceso que sigue la conciencia del hombre occidental y que quedaría se puede resumir en tres entidades.

Así, podríamos acercarnos a una primera conclusión: Nietzsche diría que “el hombre se descubre a sí mismo como responsable de la destrucción de los valores o de la muerte de Di-s, descubriendo, al mismo tiempo, la voluntad de poder, e intuyendo la voluntad como máximo valor; así se abre el camino a unos nuevos valores”.

Sin querer, queriendo…

O nos hemos vuelto tontos o nuestro umbral de audacia para ponerle límites al abuso del poder se nos ha diluido. Hará cosa de un mes, más o menos, un Elon Musk exultante y escapado del recato, casi descontrolado, ensayo una suerte de saludo hitleriano para celebrar la victoria electoral y, por tanto, un segundo mandato del presidente Donald Trump. Con sus movimientos algo descontrolados (pueden buscar las imágenes en Youtube), ensayó un saludo con el brazo derecho extendido, que dividió a una nación política y al mundo entero. La debilidad de unos cuantos temerosos que pretendieron esconder sus miedos preguntándose: ¿se suponía que era un saludo nazi? ¿no sería apenas un gesto incómodo, desarreglado, pero sin intención? ¿Y si en realidad se trataba de lo que vimos todos con nuestros propios ojos: una provocación deliberada destinada a promover odio, a estimular conflictos, para que esta agresividad de los últimos tiempos se mantenga presente en las cuestiones públicas? Valor, hay que apelar al valor!

Para que nos quede muy claro que no se trató de ningún error, unas semanas después, Stephen K. Bannon otro amigo muy cercano y de larga data de Trump, hizo lo propio un día jueves. Al igual que Musk, lo “niega todo” pero fue hecho a la vista de los presentes, con la desaforada intención de evocar el nazismo. Pero como en la vida sólo se engaña a quien se deja engañar, para el líder del partido de extrema derecha de Francia no cabía duda alguna que se trataba del gesto que Hitler había adoptado para identificar a su propia organización. Así que rápidamente consideró oportuno cancelar su esperado discurso que debía ir en el espacio central de la conferencia de la CPAC, la Conferencia de Acción Política Conservadora. A él no lo iban, innecesariamente, a emparentar con el «gesto alusivo a la ideología nazi» de Bannon. Lo de él es conocido; más, quizás, daña.

Estos episodios de destacados aliados de Trump, en distintas zonas del mapa, en tan pocos días sugerirían que esto constituía, de hecho, una provocación, como mínimo. Y el incidente tendría muchos precedentes. En los últimos años, los derechistas han provocado deliberadamente debates similares con ese “saludo” nazi.

Apenas ha comenzado el ciclo de la segunda presidencia de Trump, y los choques y provocaciones han estado al orden del día. Las tensiones van creciendo. Los demócratas han advertido que no cooperarán con los republicanos de Trump para alcanzar un acuerdo de financiamiento. En este juego “trumpista” para sacar adelante normas con muchas resistencias, como las que refieren a cuestiones presupuestales, se debe hilar fino.

El senador Chris Murphy, demócrata de Connecticut, una de las voces más críticas, expresó en el programa «This Week» de ABC News, que la gente está enojada y que el presidente y sus aliados quieren que «todos se queden callados», “pero eso no es una democracia…es una crisis de proporciones épicas. Estábamos viendo a los multimillonarios tratar de robarle el gobierno a la gente».

El mundo parece sumergido a un debate ruin y agresivo, donde la democracia se deteriora.

Precisamente eso es lo que comienza a cuestionarse en Estados Unidos y en algunos países de Europa: el rápido tránsito hacia un debate ruin y descalificador, cargado de insultos, van erosionando la calidad institucional de la democracia y de su convivencia.

Y a nosotros, ¿cómo nos va?

Las conductas públicas y promovidas, exaltadas, frecuentemente se convierten en referentes a emular. A la violencia verbal, le sucede inevitablemente la violencia física. Y ello ha estado a la vista de todos.

No se trata de repartir culpas, sino de asumir conductas positivas, que sirvan para alentar una convivencia respetuosa y armónica. Hay que promover relaciones tolerantes, respetuosas. El 10 de marzo de 2016, la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo, en un texto escueto se pronunciaba: “El Consejo Directivo de la INDDHH manifiesta su profunda consternación por el asesinato del Sr. David Fremd, vecino y miembro de la colectividad israelita de la ciudad de Paysandú. La INDDHH convoca a la sociedad uruguaya a renovar esfuerzos para erradicar de nuestro país cualquier forma de violencia motivada en la raza, religión, opción o identidad sexual, ideas políticas o en cualquier otra circunstancia que desconozca el derecho de todo ser humano a vivir según sus creencias y sus opciones de vida en una sociedad tolerante y democrática”.

David no murió por un problema de inseguridad ciudadana, ni urbana ni rural. Fue asesinado a impulsos de una prédica de odio, por su condición judía. Fernando Buttazzoni, publicaba en el 2019, una reflexión clara y contundente: “Cuando ocurrió el asesinato de David, una parte importante de la sociedad uruguaya respondió con seriedad y contundencia ante aquel episodio que trasladaba, de forma artificial pero sangrienta, el marketing político de la llamada «intifada de los cuchillos» de Israel al Uruguay, de Jerusalén a Paysandú. Sin embargo, por más áspero que resulte, debe decirse que frente a esa contundencia hubo otra parte de la sociedad uruguaya que no supo, no quiso o no pudo estar a la altura de las circunstancias”.

A 9 años del asesinato de David, quiero recordar a una persona buena, sencilla y siempre afectuosa y familiera. Y en su nombre y en su memoria, a su familia que lo recuerda en tiempo presente.

Amos Oz en los años duros escribió: “Nadie es una isla, pero todos somos media isla, una península rodeada casi por todas partes de agua negra y, a pesar de todo, unida a otras penínsulas”.

El recuerdo vivo de David nos dice serenamente que, por momentos, esto recién empieza, aunque lleve ya nueve años. Somos parte de una historia larga, milenaria, fruto de un pacto ético fundacional que se ha sostenido al cabo del tiempo para contribuir a un mundo mejor.

* Ernesto Kreimerman fue Presidente del CCIU